Zoncera N° 35 - La canasta de pan. El granero del mundo

Autor: 
Arturo Jauretche

Nutricia como Isabel Sarli — "ma non troppo", sobre todo en lo "láctico"— y tal vez más cubierta de púdicas gasas, es la imagen de la Argentina que persiste a través de estas dos zonceras.

Pero a diferencia de aquélla, esta Argentina es rubia, pues ya lo advirtió Darío: "Purificada por la sangre anglosajona". (En el Rubens del Museo del Prado, Ceres es la rubia. Pero la morocha no es tampoco Isabel: es Pomona).

No es arbitraria la cita de Darío. El también se complicó, como Lugones, en aquella exaltación agropecuaria del centenario de 1810. El estro volcaba sus ardores desde las columnas de "La Nación", para pasar después al libro. 

 

Dijo Lugones en Odas seculares:

"Para henchir de riquezas el buque ufano cuadra la ceba sus compactas reses y el calor germinal de tu verano, hecho sólida luz, se logra en mieses." 

 

Y Darío, en la misma oportunidad, en su Canto a la Argentina:

"En material continente una república ingente crea el granero del orbe..." 

Como vemos, más que la del verso, los poetas anuncian la métrica del país, pues hasta los vates le señalan el límite: "ser el granero del orbe", Darío; "para henchir de riquezas el buque ufano", Lugones.

Gobernantes, poetas, pedagogos, periodistas y personajes internacionales en visita de cumplido, todos concurren a fijar la imagen mítica. No es la de Marte ni la de Minerva, menos la de Mercurio o Vulcano. Mucho menos un personaje como Juan Pueblo o Martín Fierro, o la manera del Tío Sam o John Bull. La imagen del país está dada por Ceres, la rubia deidad que nos obsequia con sus dones y nos impone dar vida al "orbe entero" a través del "buque ufano". Desde luego con la cornucopia porque los dones de la naturaleza tienen por exclusiva finalidad ser derramados por el mundo. ¿Y qué mejor símbolo de esta vocación hacia los otros que un gigantesco cuerno? 

También en lugar de la rubia Demeter se pudo elaborar la imagen del panadero de la esquina (de la esquina del mundo), pero pronto se comprende la elección, porque lo de la canasta de pan es sólo un decir. No sea que tomándola en serio a los argentinos se les ocurriese que la cornucopia podría derramar sus espigas en lugar de "en el buque ufano", dentro del país; y exportar galletas, galletitas, fideos, después de haber llenado su propio "buche ufano" y no en el ufano buque. 

Dejemos a los poetas y que hable un economista. Y para no perder tiempo con los liberales que se comprende sean "demetéricos", vamos a oír a un socialista.

Habla Juan B. Justo, el fundador de nuestro Partido Socialista (La Moneda, ed. "La Vanguardia", 1977, págs. 101-102):

"Hay gente en el país que cree que sería bueno transformar acá todo el trigo argentino en harina. Desde luego los propietarios de molinos, el trust de los molinos: ellos creen tener derecho de exigir que se les facilite hacer harina aquí de todo el trigo, pretendiendo que si se exporta trigo sin moler es una pérdida para el país, porque hay pérdida para ellos, ya que con el trigo exportado en grano no ganan los señores molineros."

"Ellos pueden tener los mejores molinos del mundo, pueden trabajar con una perfección técnica insuperada pero, aún así, sería un error profundo creer que aquí se debe transformar en harina todo el trigo; porque el trigo lo producimos en su mayor parte para ser consumido fuera del país, y el trigo en grano se carga y descarga como un líquido por procedimientos mecánicos rapidísimos, no exige envase de ninguna clase para el transporte y la harina se conserva mucho mejor dentro del grano que en la bolsa; no hacemos tampoco bolsas en el país y nos cuestan demasiado para las operaciones internas. Y por otra parte, en los países que necesitan las harinas  de nuestro trigo, hay molineros que tienen los mismos prejuicios, los mismos intereses egoístas de nuestros molineros y ellos también quieren hacer trabajar a toda costa sus molinos y negociar con sus subproductos, todos aprovechables. No hay, pues, ningún motivo económico ni político para empeñarse en garantizar ganancias extras a los señores molineros de nuestro país, en perjuicio evidente de los consumidores de pan y los trabajadores molineros de otros países y de los agricultores argentinos, clase productora indudablemente más digna de consideración. Los agricultores no piden, por otra parte, que se les den ventajas de ninguna clase: producen sus cereales y piden que se les deje exportarlos, y esto es de conveniencia económica mundial. Lo antieconómico es instalar aquí más molinos que los convenientes para el país y para el mundo."

El "maestro" del Socialismo ya ni siquiera admite la canasta de pan; ¡ni la bolsa de harina, siquiera! ¿Podéis hablarle de industria pesada o siquiera de industria liviana? ¿Siquiera de fideos o galletitas? Les contestará en las páginas 188/189 del mismo libro:

"Pero lo que negamos, y volvemos a hacerlo, es que corresponde al Estado el papel de fomentador de los intereses empresarios y el engendrador artificial de empresas cuya razón de ser es poblemática por el simple hecho de no haber nacido espontáneamente." 

Si esto pensaba el socialista temeroso de lesionar la burguesía y los trabajadores argentinos podéis conjeturar cuál era el pensamiento de los liberales, o mejor dicho de los otros liberales, los que no se llamaban socialistas.

 

Establezcamos concordancias.

Una vez más se confirma, con el pensamiento del "maestro", aquello de las dos patas, una coja, en que ya dije, anda la "intelligentzia" con su civilización y barbarie. Una vez más se ve que con distinto ritmo llevan la misma dirección cuando se trata de las soluciones concretas, porque parten de los mismos presupuestos mentales aunque parezcan contradecirse. Vea usted caminar o un cojo y verá que un lado del cuerpo parece rechazar el movimiento del otro. Pero en definitiva los dos lados, es decir, el cojo completo, van hacia un mismo objetivo. Sin embargo, tal vez usted, lector, encuentre que esta zoncera contradice una característica general de las mismas. La canasta de pan, el granero del mundo, la cornucopia, el buque ufano, el orbe entero esperando ansioso el fruto de las pampas, dan una idea exultante del país. Esto no parece corresponder con las demás zonceras que tienden a crear la imagen deprimente por una estimación peyorativa de nuestras posibilidades humanas, geográficas, climáticas, etc.

A poco que usted reflexione comprenderá que esta tónica exultante es el complemento necesario de la otra depresiva. Este tipo de zoncera optimista está siempre referido al cumplimiento del destino que se nos tenía asignado como granja. En la medida que las zonceras tienden a crearnos complejos de inferioridad para que nos apartemos de la producción de materias primas alimenticias, estas zonceras son las destinadas a pintarnos con los más selectos colores de la paleta, el destino que nos corresponde como coloniales. Bajo el signo "de los ganados y las mieses", decorados con dioses helénicos y latinos, cestos y cornucopias, pámpanos, racimos, espigas y bifes, la "pedagogía colonialista" atiende a que no intentemos salir del sistema. Pero esto de los bifes es ya otra historia, muy parecida. Vamos a ella.